Ustedes haciéndome famoso

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domingo, 28 de octubre de 2012

Acontecimientos de una Pasarella.


El sonido de los grillos carentes de sueño cubría completamente el esplendor de esa peculiar noche, digo peculiar porque era diferente a todas las que normalmente transcurren frente  a la casa de Manuel.

El repartidor de periódicos que siempre pasaba de forma fugaz pero sigilosa, lo que le ayudaba a no perderse ningún detalle de todas las “joyitas” que aparecían en la pasarela del vecindario –o la acera, no nos extendamos- cambió su nombre a “lentitud” se quedó inmóvil y anonadado de lo que sus ojos percibían.

Juan, el borracho que siempre llegaba con algarabía cada madrugada –no había una noche donde no se escucharan gritos desesperados de su esposa y sus dos hijos- esa noche apareció en la escena totalmente sobrio y vestido de traje, aparentemente había tenido un día complicado en la oficina.

Laura, la chica “alegre” del vecindario, se convierte en la hermana menor del dios del rayo Zeus cuando se estaciona el taxi frente a su casa, normalmente es lo que hace, y esos pocos segundos son los que aprovecha el repartidor  para analizar que curvas de su marcado cuerpo se vieron esta vez. Algo parecía estar mal, su acostumbrada rutina no se vio esa noche, caída en llanto y sentada en la “pasarela” del vecindario parecía ser su nueva versión.

Manuel se encontraba muy desinteresado por todo eso que sucedía frente a su casa, no le veía precedencia alguna. Solo esperaba el momento donde su eterno e imposible amor hiciera su entrada triunfal, cosa que nunca pasó.

Se desesperó al no ver a su eterna fantasía llegar, en ese preciso momento despejó toda la cortina que cubría la ventana de su habitación y así, buscar respuestas. La impresión fue mucha, todo ese silencio y sucesos de cosas “anormales” solo fueron producidas por una tragedia.

La ambulancia no se hizo esperar, llegó y con ella se llevó el cuerpo de la mujer que a Manuel llenaba tanto de deseo... nadie supo a ciencia cierta que sucedió.

Repartidores demorados, borrachos completamente sobrios y putas desconsoladas. Definitivamente fue una noche diferente a las demás. 


domingo, 14 de octubre de 2012

Mira que en Barranquilla se celebra así: Parte I Eventos Religiosos.



Siempre he querido dar a conocer mi forma de ver las cosas sobre como celebran todo en esta ciudad. La verdad no sé si es solo acá o pasa igual en todas las partes de este colorido país –No he salido de este pueblo, soy un montañero-  pero me atreveré y  hablaré de algunas costumbres que tiene la cultura Caribe para celebrar. En esta oportunidad, las cosas religiosas…

No recuerdo que en la biblia hablaran de celebrar fiestas de santos con Diomedes y Ron.

16 de Julio, fecha recordada y mencionada por todos en esta ciudad, y es que como no saber, si 9 días atrás la pólvora y música poco llamativa para varios, imponen su reino de manera forzosa en lugares donde algunos –me incluyo sin pensarlo- buscamos paz y silencio después de una rutina de más de 8 horas en un escritorio en el cual no cabes por ser desgraciadamente alto.  “¡Que viva la virgen!” “¡Tómese un trago compadre! ¡Que viva!” “¡Ahí viene la Virgen!”.  Como estas, entre otras, son algunas de las expresiones que se escuchan en esa novena que finaliza con bloqueos en las calles, mucho alcohol y la música del gran Diomedes a todo volumen.

Señores católicos, en este punto de la conversación le doy la razón a sus amiwis “evangélicos” o los llamados en esta época post-moderna “Cristianos”. ¿Por qué? ¡Sencillo! Nunca los he visto celebrando el día de algún santo –sé que no creen en eso, no soy tan bruto- o alguna festividad religiosa con toda la reserva de Old Parr, todas las cajas de cerveza de la tienda más cercana y la mayoría de decibeles que puedan soportar sus equipos de sonido. Con esto no estoy diciendo que estoy del lado de ellos (los siempre sinceros evangélicos), yo se que con el dinero de los diezmos que los más pobres  entregan con todo su esfuerzo, los pastores montan sus negocios y tienen a sus hijos estudiando en los colegios de la alta alcurnia, pero esa es otra pelea que tengo cazada, la cual no explotaré hoy, así que regresemos a la idea principal.

 ¿Qué se consigue con esto? ¿Es parte de nosotros el festejar la fiesta de un santo de esta manera? ¿Dándole traguito a la virgen le perdonaran los pecados? ¿En la biblia dice eso? Claro, como Jesús tomó vino en la última cena, eso les da derecho a ustedes de acabarse todo el ron que se les pase por las narices, ¿cierto? “Ah pero es que eso solo pasa en el sur y son todos los choferes de buses, ¡Uish! ¡Los atarvanes esos!” más de una persona seguro está diciendo eso, y es verdad. En el sur es donde se ve esta llamativa celebración, pero no nos escudemos con eso de la “cultura” que cada persona tiene para celebrar y sobrellevar las cosas, no me crean tan caído del zarzo.

 Siempre me he preguntado que piensa la iglesia de este tipo de celebraciones tan originales que realiza su pueblo católico. También me pregunto muchas veces si ya Diomedes ha quedado absuelto de sus pecados por hacerle semejante canción tan pegajosa a la virgen del Carmen.  Son muchos interrogantes los que tengo, la mayoría sin respuestas. Pero ¿Qué se puede hacer? ¡Nada! Así es el costeño, tomamos hasta en un velorio, nos reímos de la desgracia del otro, bailamos hasta con una bulla de tapas de olla, así somos. 

Continuará…  

Espere la segunda parte, nunca falta la marimonda. 


domingo, 26 de agosto de 2012

“Cuentos de los Hermanos Rolongo”


Inmunidades falsas y otros demonios…

Sábado por la noche, y junto a la seguridad de saber la fecha con hora exacta y todo lo que lo complementa, estaba también la certeza de que nada ni nadie –inclusive tus ojos- llamaría mi atención de la forma como lo lograste ese mencionado día. Ojos que combinaban perfectamente con la ropa que llevabas puesta y con tu sonrisa, la cual no pude dejar de apreciar en lo que fue de la noche. ¿La sonrisa? ¿Qué tiene que ver ella al momento de comparar mis ojos con lo que llevaba puesto esa noche? –seguramente te preguntarás- pues, ¡sencillo! Era igual de blanca y reluciente a lo poco de blanco que pude notar en el fondo de tus ojos, digo lo poco porque casi toda mi atención se iba en determinar la tonalidad exacta de ese color que con tanto orgullo llevas en tu mirada. –dure toda la noche y creo que aun me sigo preguntando cual es la tonalidad exacta de tus ojos-

No había ningún plan, nada premeditado. El haber cruzado unas cuantas palabras nocturnas días previos a ese encuentro, me hicieron pensar que  esa inmunidad de la que tanto presumía no se vería afectada, es decir, no corría ningún riesgo con tu cercana presencia –Dios que mentiroso soy- una desconocida mas  con la que bailo y comparto momentos una noche ¡ese era el plan!

De momentos incomodos y primeros bailes algo torpes a conversaciones al oído donde el único adjetivo con lo que se podía calificar ese momento sería “interesante” pasó nuestra noche –sabes muy bien que no fui el único que percibió todo esto que te relato acá- la cual se ponía mas a nuestro favor cada que una canción nueva sonaba. No vale la pena relatarte ese momento, ese espacio, que espero no sea el ultimo ni único que viva a tu lado –me aterra lo cursi que suena eso, pero no encontré mas palabras- lo que si importa y realmente interesa es lo que después de ese momento surgió, una confianza rara pero muy saludable para ambos, al menos yo lo veo así.

De esa inmunidad  de la cual presumía momentos previos de conocerte te tengo que decir... Adelante ¡¡búrlate!! Puedes sentirte victoriosa. Fue muy fácil derrocar mi legado, mi filosofía, mi pensamiento. Lo que si ha sido difícil y complicado de lograr es sacar de mi cabeza ese momento, ese instante, donde presumía  y te decía en tu cara “yo soy inmune a ti” pero mi cuerpo y mis acciones me hundían en la mentira, ya que lo único que pedían era sentir tus manos y rodear tu cintura –tantas mentiras en una noche, en serio Dios, perdóname-

Así resumo este cuento, ¿conclusión? Mi inmunidad se fue corriendo desde el momento en que te vi sentada en frente mio, me dejó solo y sin saber que hacer –puedes reírte, yo lo estoy haciendo mientras escribo estas líneas- y bueno ya sabes que pasó gracias a esa cobarde inmunidad, no hace falta volverlo a repetir.